La Laguna

Por Javier González Soria

Perspectivas de un humedal desecado

Uno de los aspectos más desconocidos e interesantes de la provincia de Soria, lo constituyen sus lagos, lagunas y humedales, aunque estos no son numerosos, poseen en ocasiones cierta singularidad, como la famosa Laguna Negra. No obstante, existen otros de menor identidad que no carecen, o como en el caso que nos ocupa, carecieron de cierto valor ecológico, o cuanto menos, histórico. Me refiero a la desaparecida Laguna de Conquezuela, humedal desecado con fines agrícolas en 1959, a razón de las políticas de concentración parcelaria que tuvieron lugar entre los años 1958 y 1961, en los municipios donde estuvo situado el humedal.

Localización


Partiendo de la bautizada como ciudad del cielo por los Árabes, antigua Ocilis sobre la que se alza el triunfal Arco Romano de Medinaceli (IV a. c.) y dejando al sur la carretera que conduce al Museo Paleontológico de Ambrona (con registros fósiles del Paleolítico inferior, 300.000 a. C.), llegaremos a Miño de Medinaceli.

Tras cruzar este pueblo camino de Conquezuela (ultimo pueblo de la provincia por estos confines de Soria) habremos atravesado el limite entre la Cuenca del Ebro y el Duero. 

Pocos kilómetros más tarde, y a pesar de su representación en variada cartografía, habremos pasado sin reconocerlo, por delante de los terrenos que ocupo la extinta y extensa Laguna de Conquezuela, citada en ocasiones como Laguna de Miño del Ducado al estar situado sobre tierras de ambos municipios. Tierras, que en sus alrededores, y sobre gran parte del humedal durante el estiaje, constituían ricos pastizales.

Antecedentes históricos

En un paisaje en apariencia de extrema aridez, escondido en un rellano de los verticales paredones que se elevan recorriendo la vertiente Norte del valle de Conquezuela, encontramos uno de los lugares más emblemáticos de la zona, una "cueva", en realidad un abrigo de pocos metros de profundidad abierto en la frágil arenisca, abierto por la fuerza erosiva del agua en los cortados que conforman los aquí llamados "riscos". Entre estos riscos donde se sitúa la Ermita de Santa Cruz, y las estribaciones de la Sierra Ministra al Sur, se ubico la Laguna de Conquezuela. En esta enigmática cueva declarada recientemente Patrimonio Nacional, aparecen las primeras referencias históricas al objeto de este articulo.

Dicha referencia constituye la existencia de unos grabados y tumbas rupestres, excavadas a 10 metros por encima de la Ermita de Santa Cruz, junto con la recién restaurada bóveda de época románica que corona el techo de la cueva. Diversos elementos que demuestran que este lugar ha sido elegido por diversas culturas para sus ritos religiosos o culturales. Actualmente, el paisaje desde la entrada al abrigo en la roca, se muestra considerablemente distinto de aquel que debieron contemplar los hombres y mujeres en la talla de los grabados. Tierras en barbecho, cereal, girasol, es difícil imaginarse que tan solo hace 40 años, existía un paisaje regido por una panorámica de 50 hectáreas de agua y vegetación palustre Posiblemente un bosque de los relícticos quejigos, encinar, algún huerto, quizás cereal, junto con amplias zonas inundadas y un bosque de galería, fue la panorámica que se podía divisar desde la cueva cuando fue elegida como lugar de culto. Así, nuestros antecesores dejaron constancia de su paso con grabados de motivos referentes a la laguna, que seguramente relacionaban con otros aspectos como la fertilidad o la caza, 48 figuras antropomórficas y más de 1200 cazoletas fechadas en la edad del Bronce (2000-1700 a C.) aparecen en sus paredes sin orden aparente. Según ciertos autores, es muy posible que su situación frente a la laguna pudiera ser debida la presencia de las aguas, que, de carácter femenino - materno, indican un culto mágico - religioso, a modo de santuario.

Dejamos de lado estos grabados de estrecha relación con La Laguna, para dar un salto en el tiempo hasta el reinado de Alfonso X. El cual, según declaraciones que no se han podido contrastar, gustaba de comer pájaros de La Laguna de Conquezuela. Una información puramente anecdótica, como lo es también el hecho que los franceses durante su ocupación, según cita el Diccionario Geográfico de Madoz (1847), venían habitualmente hasta aquí para recolectar sanguijuelas por su extraordinaria calidad. Igualmente, el mismo autor, menciona el paraje de la Laguna al referirse al pueblo de Conquezuela, donde apunta hacia el humedal al citar entre las enfermedades más habituales, "las tercianas" (enfermedad transmitida por una especie de mosquito actualmente erradicada de la península).

Cuatro décadas más tarde, en 1890, Pedro Palacios en sus estudios de campo en el desarrollo de la Memoria Geológica de Soria, haciendo referencia a las diversas lagunas existentes entonces, cita:

"...la mayor de las que actualmente existen se halla en el termino de Miño del Ducado, enclavada entre este pueblo y los de Ventosa y Conquezuela, cerca del sitio donde se juntan las divisorias de aguas vertientes al Duero, Ebro y Tajo...". "El escaso caudal que normalmente rebosa de ella corre por un pequeño cauce al arroyo de Alcubilla, que lo conduce al Rió Bordecorex. La extensión que ocupa no baja de 1 Km2 pero su profundidad no debe ser grande a juzgar por las isletas y plantas acuáticas que descuellan por la superficie del agua. En los estíos queda con frecuencia en seco su mitad meridional y convertida en una dilatada pradera donde pueden pastar cómodamente los ganados"

A su vez, hace mención a otra laguna, si bien esta parece ser un humedal situado próximo a la población de Ambrona, actualmente desecado y sin nombre conocido, podría también referirse al "ojo" que conforma la redonda Laguna de la Sima de origen Karstico. De la cual cuentan, que en cierta ocasión, al salir espantados una pareja de bueyes por la picadura de las moscas, fueron a dar a la laguna, donde desaparecieron en sus aguas.

"Poco mas al Sur en el termino de Ambrona, lindante con el de Miño, existe otra laguna de 1 o 2 Has., la cual ocupa una hondonada constituida por margas triásicas, tiene aguas permanentes y su profundidad es desconocida".

Además de estas lagunas citadas existieron en las proximidades, al menos, otras dos, la Laguna de la Sima conservada actualmente y citada en el Inventario de Humedales Peninsular del MIMAN (Código 02 Cl 20111 SO 0434005) y la desaparecida laguna de Yelo, de considerable extensión a juzgar por su tamaño aparente en la foto aérea del Primer Vuelo Nacional (1954).

La primera referencia sobre la Laguna de Conquezuela, expresamente dedicada al estudio de humedales, esta fechada en 1948, antes de su desaparición. Fue realizada por el investigador Luis Pardo a razón del primer Catalogo de Humedales Peninsular. Se remite a un breve resumen de la información recogida por Pedro Palacios en 1890, no aportando datos más específicos. La siguiente cita bibliográfica encontrada sobre este humedal es bien distinta, aparece en los registros del Ministerio de Agricultura (1963), se refiere a su saneamiento durante la concentración parcelaria (1959) del entonces municipio de Conquezuela, hoy pedanía de Miño de Medinaceli.

Actualmente se recoge en el Inventario Peninsular de Humedales (1990) (Código 02 CL 20111 SO 0434004) donde figura como desaparecida, pero, con una salvedad importante, pues incluye un comentario recomendando su estudio de recuperación.

"Debió de ser un humedal muy interesante por su gran extensión y de gran valor como hábitat palustre..."Debió de ser un humedal muy interesante por su gran extensión y de gran valor como hábitat palustre...".


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